| Cuántos
cambios sufre la visión de la comunicación
a lo largo de la carrera... en los primeros años
los alumnos sueñan con una comunicación
perfecta, más allá de todo tipo de influencia
de intereses ajenos. Esta comunicación, que si
bien parece un sueño o una utopía, no
es muy diferente a la comunicación a la que se
refieren los códigos de ética periodística,
por lo que hasta podríamos asegurar que no es
una mera ilusión de un estudiante de 18 años
que está empezando a descubrir un mundo nuevo
donde todo parece perfecto, sino un ideal a perseguir. |
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A
medida que se va avanzando en la carrera las desilusiones
y/o cambios de visión son muchos y muy grandes
y el estudiante comienza a sufrir una metamorfosis donde
las escalas de valores se van tratando de acomodar a
la nueva postura. Es lo que alguna vez alguien definió
como “... a la facultad entras como hippie y salís
como yuppie”. Esta es casi la manera perfecta
de definir esta metamorfosis, y decimos casi perfecta
por que también es cierto que está cargada
de una negatividad absoluta.
Esta
negatividad se apoya principalmente en una gran cantidad
de mitos, versiones y testimonios provenientes de alumnos,
profesores, profesionales, etc.. Estos mitos se van
asumiendo como verdades absolutas y es por ello que
muchos tienen ya una opinión sumamente formada
de las empresas mediáticas aún sin haber
puesto un pie en ellas. Es aquí donde vemos que
existe lo que Gastón Bachelard definió
como “obstáculo epistemológico”,
este obstáculo se manifiesta como una resistencia
del pensamiento a seguir pensando y lleva al investigador
a privilegiar el facilismo, la impaciencia o la apariencia
inmediata por encima de la abstracción y la construcción
de conceptos que sería lo propio de la tarea
científica. En otras palabras, los jóvenes
comunicadores están tan seguros de cómo
funcionan los medios en base a las “verdades”
que conocen previamente que evitan el propio análisis,
reflexión y construcción del medio como
un objeto teórico de estudio, simplemente se
entregan al medio y se dejan llevar. Consideramos fundamental
realizar una ruptura con el sentido común para
poder abordar el objeto desde la teoría y no
desde el conocimiento vulgar, realizando una permanente
vigilancia sobre los prejuicios y prenociones propias
de todo sujeto.

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Al
llegar a un medio, muchas veces los comunicadores
olvidan o dejan de lado rápidamente los
conocimientos y perspectivas teóricas
que adquirieron y sostuvieron a lo largo de
la carrera, algo que puede tener que ver con
el miedo a quedar afuera del medio. Este acto
de hipocresía es una total falta de responsabilidad.
Pensemos por un momento en cualquier superhéroes:
superman, spiderman; en todo momento estos personajes
son conscientes de que sus poderes implican
una gran responsabilidad y se esfuerzan para
hacerse cargo de ello. No pretendemos señalar
aquí que los comunicadores sean superhéroes
ni nada por el estilo, pero sí estamos
seguros que gracias a los estudios, éstos
disponen de una visión diferente del
mundo y principalmente de los diversos fenómenos
mediáticos; además gozan de una
mayor facilidad para comunicarse y darse a entender
con un mínimo de entropía en los
mensajes. No deberíamos olvidar entonces
que estos “poderes” en manos de
los comunicadores necesariamente tienen que
manejarse con responsabilidad y el hecho de
no asumirla significaría no aceptar lo
que somos. |
Somos conscientes de que nos es una tarea fácil,
Pierre Bourdieu señala respecto de los periodistas
que: “ Hay una paradoja de base: es una profesión
muy poderosa, compuesta por individuos muy frágiles.
Allí se produce una notable discordancia entre
el poder colectivo (considerable) y la fragilidad estatutaria
de los periodistas, que se encuentran en una posición
de inferioridad tanto respecto de los intelectuales
como de los políticos. A nivel colectivo, los
periodistas arrasan. Desde el punto de vista individual,
están en constante peligro. Constituye un oficio
muy duro y los jefecitos son terribles. No sólo
se quiebran las carreras, sino también las conciencias,
lamentablemente”*.
Hace
algunas décadas, destacados periodistas no podían
expresarse libremente fruto de la dictadura militar
que castigaba al país, hace unas décadas
este era el principal motivo de separación entre
pensamiento y trabajo. Hoy por hoy, en medio de un régimen
democrático, nos animaríamos a decir que
la “dictadura del mercado” es la que se
encarga de mantener vigente este distanciamiento. Sin
embargo confiamos en que los jóvenes comunicadores
poseen las herramientas para hacer frente a esta dictadura,
sólo resta “romper” con los preconceptos
y usarlas.
No podríamos
concluir con que “... el comportamiento de los
comunicadores debe ser éste: ...”, a esta
altura creemos que esa decisión esta íntimamente
relacionada con las propias distinciones entre el bien
y el mal. Afortunadamente (o desafortunadamente, depende
de cada uno) no existen fórmulas ni recetas que
se puedan proponer ante temas como éste. Particularmente
preferimos decir “afortunadamente” ya que
no queda otra salida que salir a buscar nuestro propio
camino, recorrer el laberinto de la comunicación
buscando una salida. No obstante de esta interesante
búsqueda, de esta investigación, resulta
indispensable un Código de Ética en nuestro
país que regule el accionar tanto de los directivos
como de los periodistas, un código que medianamente
marque un límite dentro del cual moverse.
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* Pierre
Bourdieu, ”Pensamiento y acción”
, p. 69, El Zorzal, Bs. As., 2002.
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