Es probable que muchos estudiantes de comunicación
hayan decidido, inicialmente, su paso por esta Carrera
motivados por una moda o tendencia instalada en la época.
Es difícil determinar las razones de algunos
procedimientos a los 18 ó 20 años de edad.
Lo importante es preguntarse –y preguntar- en
el tiempo de aprendizajes, el sentido de lo que transitamos.
Creo que el sentido existe. De diversas formas, de modo
idiosincrásico, grupal, marginal... , hasta con
la azarosa apariencia del sinsentido.
Vuelvo al sentido. Sabemos que hay muchas formas de
preguntarse: si queremos lo que hacemos, si nos interesa
saber, crecer, cuestionar –y cuestionarnos-. En
fin, si estamos decidiendo pensar la vida o durar en
ella. Pasado un tiempo de silencios internos podemos
comprender que, conscientes o no, comenzamos ser cómplices
del vacío* . Esta época tiene características
que para algunos parecieran ser inaugurales, mientras
que, para otros, son consecuencia. Personalmente creo
que tiene de ambas. Porque somos lo que sembramos, lo
que fuimos capaces de generar -individual y colectivamente-,
y porque también, somos lo que podemos producir
como nuevo. La “novedad” es la muestra de
lo que creamos y nos permite pensar en alguna cuota
de libertad de la que podemos asirnos.
¿Por qué pensar que somos prisioneros
de la época, de la técnica, del determinismo,
de la fatalidad?... Creo que estamos prisioneros del
miedo a pensar distinto. Del miedo a decir “simplemente
NO”, como convoca nuestro querido coterráneo
Tejada Gómez.
Las redes que atrapan
sin duda existen. Sería imprudente no reconocerlo.
Existen las presiones, los condicionantes, los precios.......
Pero hay gradientes, y esto será respondido en
función de lo que cada próximo graduado
–o graduado reciente- suponga de su profesión,
de los objetivos de su conocimiento, de su proyección
como persona. De la noción de sentido que haya
podido construir en su joven experiencia de vida.
La formación académica
en la Carrera, no determina, ni limita, ni siquiera
ostenta pretensión de verdad. Simplemente, ofrece
saberes diversos que deberían transformarse en
alternativas en la cognición de los alumnos.
Cada uno hará con ellos lo que crea, lo que sienta,
lo que pueda. Ya no pertenecen a la Carrera, pertencen
a los alumnos, a los jóvenes graduados; como
base, como parámetro, como antagonismo, como
límite, como resorte, o como revulsivo...
Creo que lo más
valioso de lo que circula por nuestras aulas es el impulso
–aunque incipiente- para la capacidad de leer,
interpretar, el mundo, la realidad, lo variante y lo
constante –si lo hubiera- con otras herramientas,
desde diversas miradas teóricas y operativas,
con criticidad y con la flexibilidad necesaria para
desalentar dogmas. Por eso es preocupante el conformismo
que colabora con el miedo y el vacío. Ser joven
es plantarse ante la vida con propuestas. Siempre hay
que procurar la novedad e inquirir sobre los lugares
comunes de la versión dominante sobre “la
realidad”; los mitos sobre el mundo del trabajo
como espacio de la obediencia acrítica; la unidimensionalidad
de las cosas y circunstancias. El hombre venció
al primate porque nació con vocación para
escrudiñar el horizonte...
Es habitual que los “modelos” se muestren
con la apariencia de lo acabado, lo monolítico.
Aunque también es esperable que la condición
del joven pensante lo impulse a la búsqueda de
fisuras para imprimir lo Otro, lo posible que parece
esquivo ante el rótulo de imposible. Hoy el modelo
muestra preferentemente la lógica del trabajo
en una extraña mezcla de sumisión con
éxito. Los medios, la empresa, el multimedio,
“mi” nombre firmando artículos o
produciendo de modo rentable a cambio de. Ni lo uno,
ni lo otro. Este “éxito” puede ser
un invento construido por los otros para mostrarlo como
posible y tentar oferentes para concederlo o negarlo.
Y hasta arrancarlo. ¿Deberíamos colaborar
con este esquema?...
Creo que pensar críticamente el mundo que transitamos
puede acercarnos al mundo que deseamos. Creo, también,
que lo dicho se aproxima bastante – diría
que incluye- una reflexión sobre la ética,
como comportamiento, objeto de cuestión, en tantas
clases y conversaciones. ¿Existe, acaso, una
ética personal y una ética pública?...
Los saberes/herramientas están, y aunque precarios
e insuficientes, su proyección dependerá
de voluntades y actitudes.
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* Los “trastornos de carácter” a
los que alude Lipovesky en “La era del vacío”,
como un sentimiento de vacío interior y de absurdidad
de la vida. (1992 :76). |